Aprendizaje

Siempre he dicho de mí mismo que soy bastante lento aprendiendo. Cuando estudiaba los exámenes de la carrera o del experto, siempre necesitaba hacerlo con antelación e ir despacio, sin prisas ni noches en vela, página a página, para entenderlo todo bien. Y después, repasarlo.
Con el trabajo me pasa igual. Si visito un servicio nuevo, necesito tiempo para aprender toda su dinámica. Teniendo en cuenta que he sido un enfermero "disponible" (sin un servicio fijo) desde que salí al mundo laboral, quiere decir que me he encontrado en esta situación desde siempre. Eso sí, lo que asumo y aprendo, lo aprendo bien y pocos son los vicios que adquiero.


Desgraciadamente, la sociedad ha conseguido que sean pocos los lugares donde lo importante es haber aprendido bien. Se da más importancia al tiempo y a la cantidad de trabajo hecho que a la calidad. Eso, en mi opinión, es un vicio que desemboca en uno de los grandes males de nuestro tiempo: el estrés. Rentabilizarlo todo al máximo, a coste incluso de nuestra propia salud. Aprender rápido. Trabajar por tres. Librar por medio. Costar poco. Generar más.

En Enfermería, nuestra profesión tan humana, se empieza a pasar a un segundo plano la importancia de una sonrisa, de un gesto amable o incluso de sentarse para hablar. Tanto es así que los pacientes te dicen: "Que enfermera tan agradable, siempre tan atenta", simplemente porque les has sonreído, les has explicado detalladamente cómo tomar cierto tratamiento o les has preguntado qué tal fue la mañana. ¿Con qué profesionales se encontró en otros hospitales para que eso fuera algo tan extraño?
Bueno, me estoy yendo por las ramas. A lo que iba: en nuestra mano queda sucumbir a la vorágine del estrés social y necesariamente aceptado o pararnos a pensar cómo queremos aprender en nuestra vida a hacer las cosas y reflexionar sobre ellas.

Es muy sencillo. Opino que el primer punto de todos es bajarse del pedestal en el que creemos estar subidos, ser conscientes de que no somos más que nadie y descubrir el maravilloso mundo de aprender a escuchar qué tienen que decirnos los demás. Se aprende de absolutamente todo el mundo. Considerar la posibilidad y aceptar el duro golpe de que es probable que no tengamos razón en una discusión o valorar que lo que nos está diciendo ese niño de cuatro años sobre la vida es más sensato que lo que dirías tú porque su inocencia lo hace todo más objetivo.
El segundo punto es valorar el impresionante poder de aprendizaje que tienen los errores y las equivocaciones. Estudié en un colegio donde equivocarse estaba muy sancionado. Vergonzoso. Vivimos en una sociedad donde equivocarse es ridículo. Más vergonzoso aún. Si facilitáramos más el preguntar y el gestionar de forma positiva los errores, todo sería más fluido en el proceso de aprendizaje. Más natural y más eficiente.

¿Por qué nos afecta tanto ese compañero que odia enseñar a los demás? Todos tenemos alguno. ¿O aquél que monta en cólera porque considera que sabes poco o eres lento? ¿Conocéis a ése que os corrige como si su opinión fuera la única válida mientras te sonríe como si lo que acabaras de decir fuese la gilipollez más grande del mundo? Pues cuidado, porque aunque los hay que constantemente son así, todos asumimos esos roles muchas veces.

Termino con una reflexión que le digo siempre al alumno de prácticas de turno:
“Vas a encontrarte a mil personas que van a intentar machacarte cuando estés trabajando. Te van a gritar, te van a desanimar, te van a intentar hacer llorar y te van a hacer ver que eres el profesional más estúpido que existe en el hospital. Pero encontrarte a gente así, cansada de su trabajo y que olvidó el respeto a sus compañeros, es una bendición, un regalo de la vida y de aprendizaje incluso. Caminar de la mano de quien nos cae bien es muy fácil, pero las personas así son aquéllas a las que más tienes que escuchar, pues, entre otras cosas, te recuerdan la opción que nunca debes escoger (y a la que nos acercamos muchas veces sin darnos cuenta) en las bifurcaciones del camino que tu verdadera vocación te hizo iniciar. ¿Y quién sabe? A lo mejor son ellas las que están pidiendo a gritos que las cuides”.

Comentarios

  1. Simplemente..ole y ole. Un aplauso pa ti ^^
    Que afortunadas son tus compañeras de tenerte..

    (Una auxiliar de enfermeria que adora su trabajo)

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    Respuestas
    1. ¡Muchas gracias por tu comentario! Es un honor recibir un piropazo así de alguien a quien le apasiona así su trabajo.
      ¡Un abrazo!

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  2. Hola Peti Per que tal te va?
    En mi experiencia y opinión he observado que la mayoría de las personas se conforman con “aprender” funciones, más no los procesos, y los efectos más no las causas. Y es que en la vida moderna como señalas vivimos contra reloj. Progresa o escala quien “aprende” más de una función en un trabajo y dirige quien conoce los procesos en su totalidad, o al menos debería ser así. El correcto aprendizaje más que un cumulo de experiencia y practica, es un proceso mental de análisis, lógica y memoria. El “aprender” mediante experiencia y practica es realmente un entrenamiento. Luego entonces nos “entrenamos” para hacer mas en menos tiempo.
    Estoy seguro que lo que hayas aprendido en tus tiempos de estudiante lo aprendiste bien, porque buscabas entender la lección. Para mi existen varios tipos de aprendizaje y por lo tanto varias formas de aprender.
    Aprender es un proceso mental, cognitivo, de análisis y raciocinio en el que se estudian las causas, se comprenden en su mayor parte y sus efectos se memorizan.
    Se aprenden valores, destrezas, oficios, reglas y normas, y todo aquello que nos rodea por la simple observación, práctica y repetición. Sin embargo muchas de las cosas las aceptamos como dogmas sin recurrir al verdadero proceso de aprender que trato de describir líneas arriba.
    Un ejemplo sencillo son las matemáticas, las tablas de multiplicar, inicialmente lo “aprendemos” mediante la repetición constante vocal y escrita. Pero las matemáticas aplicadas, el algebra, trigonometría, calculo diferencial y demás ciencias exactas requieren más que la memoria.
    Así vamos acumulando conocimientos que forman nuestra cultura, que están sujetos desde luego a que venga de vez en cuando un genio que cambie mucho o poco de todo ello porque se tomo la molestia de “juzgar” esos dogmas y replantearlo todo.
    Es cierto que en el ámbito laboral nos volvemos egoístas de compartir nuestros conocimientos, por diversas causas, entre ellas los fracasos, los traumas, la apatía propia o simplemente porque el receptor no tiene interés y eso desmotiva y “envicia”.
    En el trabajo conocí a un Directivo que empleaba una táctica con sus subalternos para que las tareas encomendadas se cumplieran con eficacia, él le explicaba el por qué y el para qué de las instrucciones y hacia repetir una y otra vez la lección cual se tratara de niños aprendiendo las tablas de multiplicar y hacia las tres preguntas de rigor: Has entendido lo que hay que hacer? Has entendido por que lo vamos a hacer?, Has entendido para qué lo vamos a hacer?, si la respuesta era SI, seguían las tres preguntas: Qué? Para qué? Por qué?, y si era un NO, se repetía la lección. Vaya!! Parecería una bobada, pero funcionaba y era un líder apreciado.

    Otro Directivo empleaba un eslogan algo asi como: “Asimila, Analiza, Entiende, Practica y enseña” y justificaba : “ mientras más enseñes a los demás, tu responsabilidad y tareas serán más livianas”

    En fin que hay tela, y en el mundo que Tú te desempeñas hay situaciones, emociones y sinergias que cambian a cada minuto y tener estas experiencias te afianzan y fortalecen. Tus escritos revelan a cada párrafo que debes de ser una persona muy especial, de las que no aceptan dogmas y de las que debe ser un lujo aprender.

    Un saludo.

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